Libia : los medios y la guerra
por Jorge Capelán y toni solo, April 28th 2011
"Vos pones las fotos, que yo me
encargo de poner la guerra"
William Randolph Hearst 1897
El notorio dicho del magnate mediático estadounidense William
Randolph Hearst que acompaño la siniestra intervención
estadounidense en Cuba al final del siglo 19 es el arquetipo que ocupan
los medios occidentales corporativos para acompañar las
agresiones de sus gobiernos contra los pueblos del mundo en el siglo
21. Los medios occidentales y sus homólogos compinches
regionales son activos cómplices de aquellas agresiones. Han
habido breves períodos - durante la guerra de Vietnam
quizás - cuando el sistema de propaganda occidental ha tenido
algunas aperturas que permitieron sostener el mito de la objetividad e
independencia del periodismo occidental.
Pero en la actual etapa demencial del declive del poder e influencia de
Estados Unidos y Europa, se excluye cualquier escrúpulo
ético en la producción intelectual de los medios de
comunicación internacionales. Ahora se ha impuesto una
disciplina mediática férrea para garantizar el
sometimiento absoluto de los medios corporativos internacionales a las
necesidades de la guerra psicológica de los poderes de la OTAN y
sus aliados regionales contra los pueblos del mundo. Cuba y Nicaragua
han experimentado esta realidad desde hace mucho tiempo.
En el caso de la agresión contra Libia, la mayoría de los
medios progresistas internacionales también se han sumado a ese
sometimiento absoluto. Lo han hecho hasta tal grado que habrá
que preguntar si todavía es posible hablar de una izquierda
coherente frente a la ofensiva de los gobiernos occidentales contra el
gobierno y pueblo de Libia. A inicios del conflicto, en el transcurso
del período entre el 17 de febrero 2011 y la Resolución
1973 del Consejo de Seguridad de la ONU del 17 de marzo 2011, el
consenso mediático fue sólido contra el gobierno libio en
casi todo el espectro político internacional.
Este tipo de ofensiva de guerra psicológica siempre se basa en
una o dos mentiras sencillas. Contra el gobierno libio y su guía
Muammar Gadaffi se alegó que él había ordenado sus
fuerzas armadas a masacrar a manifestantes pacíficos, incluso
con bombardeos aéreos. Nunca se demostró que fuera
verdad. Al contrario, investigaciones independientes lo han desmentido.
Lo que sí se ha averiguado es que desde el inicio se
trató de una insurrección armada bien planificada, de
hecho un golpe de estado, promovida por peones de los poderes
occidentales.
Otra mentira ha sido que la mayoría del pueblo libio odia a
Muammar Gadaffi y no lo apoyan. La dura resistencia a la criminal
agresión contra Libia por los poderes de la OTAN demuestra que
este también es falso de toda falsedad. Algunos medios
progresistas – Rebelión por ejemplo - se han dado cuenta de su
error inicial y en alguna medida se han corregido, pero la
mayoría no. De todas maneras la confianza se ha rompido y
será imposible en el futuro tomar en serio la integridad de la
enorme mayoría de los medios internacionales cualquiera que sea
su orientación ideológica.
Ha sido una traición espectacular y generalizada por la clase
intelectual-gerencial corporativa y progresista en el mundo de los
principios fundamentales del derecho internacional : el derecho a la
autodeterminación, la no agresión y el respeto para la
integridad territorial. Entre los medios corporativos se han ocupado
las viejas técnicas de siempre de la desinformación y del
sub-reportaje. Un análisis del lenguaje y del vocabulario que se
han ocupado para reportar y analizar los hechos en Libia consta la
traición intelectual de aquellos medios.
Se suprime hechos que contradicen la mentira que la OTAN actúa
para proteger civiles. Las fuerzas de la OTAN han asesinado y herido a
cientos, probablemente miles, de civiles libios. Han usado proyectiles
de uranio empobrecido que dejan secuelas fatales por décadas en
el medio ambiente dónde explotan. Los ataques de la OTAN han
destruido clínicas y hospitales, escuelas y universidades y han
dañado otra infraestructura civil de todo tipo.
Los medios internacionales suprime el hecho de que la primera medida de
la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 1973 llama por
un cese de fuego inmediato. Pero cuando el gobierno libio propuso eso
el 19 de marzo fueron los rebeldes que lo hicieron imposible con sus
ataques. Y cuando se acordó entre la Unión Africana y el
gobierno libio proponer un cese a fuego, de nuevo fueron los rebeldes
que lo rechazaron. Son los rebeldes golpistas que han actuado en contra
de la primera demanda de Resolución 1973.
Desde un inicio los poderes de la OTAN han querido un cambio de
régimen. Cuando no pudieron doblar suficientes brazos en el
Consejo de Seguridad de la ONU para una Resolución en aquellos
términos, aceptaron usar un lenguaje ambiguo en la
Resolución 1973 que en seguida empezaron interpretar a su
antojo. Demasiado tarde los gobiernos de China y Rusia lograron ver la
falsedad y traición de los poderes occidentales. Ahora resisten
una Resolución parecida en el caso de Siria.
Para Libia, es demasiado tarde. Ya los poderes occidentales han
establecido un enclave territorial alrededor de Benghazi. El
régimen golpista que se ha establecido allí ha sido
reconocido como el gobierno legítimo de Libia por Italia y
Francia. Allí operan cientos de militares de la OTAN,
supuestamente como “asesores”. Esta distorsión del sentido de la
Resolución 1973 ha sido aceptado en su totalidad por los medios
internacionales como una interpretación legítima de
aquella Resolución.
Desde el inicio del conflicto los medios internacionales hablaban de
“civiles” libios en conflicto con el gobierno libio. Sin embargo, desde
el inicio los mismos reportajes hablaban del apoyo que estos supuestos
civiles recibieron de asesores de la CIA o de la fuerzas especiales de
los países europeos. Seguramente es una clase de “civil” muy
rara que porta armas y recibe asesoría de la CIA. Son civiles
que han andado en aviones bombarderos y tanques y saben usar morteros y
artillería.
Otro elemento distorsionado ha sido el papel de los supuestos
“mercenarios africanos” mencionados falsamente en la Resolución
1973. Nunca se ha presentado un solo mercenario africano peleando con
el ejercito del gobierno de Libia. Lo que sí se han presentado
son algunos sobrevivientes de redadas y linchamientos sangrientos de
parte de los rebeldes armados – todos han sido obreros africanos
agarrados y maltratados por las racistas fuerzas rebeldes, apoyados
vergonzosamente por el primer Presidente negro de los Estados Unidos.
Se ha violado la resolución constantemente de parte de los
rebeldes golpistas y sus amos occidentales. Han violado el llamado para
un cese a fuego. Han violado el orden de no establecer una presencia
extranjera en territorio libio. Y han violado el orden de proteger a la
población civil. Pero estas violaciones de la Resolución
1973 no cuentan. Como comentó el Premio Nobel de la Literatura
Harold Pinter para los medios occidentales, los crímenes de los
poderes occidentales no pasaron, nunca ocurrieron. Solo ocurrieron para
los millones y millones de sus víctimas.
En Libia, las y los víctimas de la agresión criminal de
la OTAN se presentan como responsables de “crímenes contra la
humanidad”. Se amenaza de llevarlos a juicio en la Corte Penal
Internacional. Entonces en Libia como en tantas otras ocasiones, los
víctimas se convierten en criminales y los criminales se ufanan
de su compromiso con el derecho. Al mismo tiempo funcionarios de los
gobiernos de la OTAN dicen abiertamente que quieren asesinar a Muammar
Gadaffi.
Como ha comentado Vladimir Putin el Primer Ministro de Rusia, nadie ha
autorizado a los gobiernos de la OTAN ajusticiar a Muammar Gadaffi.
Pero, por supuesto, tampoco nadie va a llevar a Barack Obama o David
Cameron o Nicolas Sarkozy a la Corte Penal Internacional por sus
criminales intentos de asesinar a Muammar Gadaffi. No lo van a
hacer a pesar de las docenas de genuinos civiles asesinados y
heridos en aquellos atentados. Son los mismos civiles que la OTAN tiene
el deber de proteger dentro de los términos de la
Resolución 1973.
Son constantes las deshonestidades de los medios occidentales y sus
homólogos regionales en el mundo. Para encubrir el robo de la
riqueza del pueblo libio, hablan de congelar “fondos de Gadaffi” cuando
se trata de fondos del Banco Central de Libia que pertenecen al pueblo
de Libia. No se trata de un fondo que beneficia a Muammar Gadaffi o su
familia. Son fondos de inversión que genera riqueza para el
pueblo libio. Sin embargo, los medios occidentales justifican el robo
de aquel dinero por sus gobiernos como si fuera una medida de altruismo
neutral. Lo ocuparán para cubrir el costo de su masacre del
mismo pueblo libio.
Los medios internacionales también repiten sin crítica el
discurso mentiroso de estadistas-criminales como Barack Obama o David
Cameron y Nicolas Sarkozy que “nadie apoya a Gadaffi”. Aún si se
deja a un lado la verdad de que la mayoría del pueblo libio
sí apoya decididamente a Muammar Gadaffi, es un non
sequitur hablar de Gadaffi cuando de verdad se trata del gobierno
legítimo de Libia. Y aquel gobierno tiene el apoyo de la gran
mayoría de los países del mundo que lo reconocen
todavía como el representante legítimo de la
mayoría del pueblo libio.
La psico-guerra y la izquierda
Entonces si uno lee la yerga desinformativa de los medios occidentales
habrá que ir descifrando el verdadero sentido de muchos
términos como “la comunidad internacional”, la “justicia
internacional”, “civiles” y “asesores”. Lo que está pasando en
Libia es de relevancia inmediata para los procesos revolucionarios en
América Latina. La manera falsa en que los medios
internacionales reportan la agresión contra Libia es
idéntica a su manera de atacar los países principales del
ALBA - Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador.
En la guerra de agresión colonial de ese lobo con piel de oveja
denominado ”comunidad internacional” contra Libia, su pueblo y su
líder, el Coronel Muammar Gadaffi, éstos últimos
debieron desde un inicio haber contado con la solidaridad consecuente
de un movimiento contra la guerra que ya ha visto pasar incontables
susodichas caracterizadas por exactamente el mismo patrón
propagandístico de justificación. El autor Michel Collon
resuma el patrón propagandística de los medios
occidentales así:
1. Ocultar los intereses económicos.
2. Invertir la víctima y el agresor.
3. Ocultar la historia.
4. Demonizar.
5. Monopolizar la información.
Después de Irak (dos veces), Yugoslavia, Afganistán,
después del golpe contra Chávez en abril de 2002, y de
tantos otros casos, se supone que la denominada ”izquierda mundial”
debería haber aprendido lo siguiente : Cuando los grandes medios
de información hablan de una tiranía horripilante ante la
que ”hay que hacer algo”, y cuando los primeros dispuestos a ”hacer
algo” son los que monopolizan las armas, el dinero, los medios y las
empresas más grandes, no hace falta investigar mucho para
colegir de que se trata de cualquier cosa menos de un ”esfuerzo
humanitario”, sino de una guerra de agresión.
Ni siquiera hace falta saber si el agredido tiene algo de valor que
pueda ser saqueado: algo tendrá si logra despertar el
interés de esa bestia llamada OTAN. Pero en lugar de una
oposición consecuente, lo que vimos fue repetirse la sempiterna
historia de una resistencia desarticulada, tardía, y con algunas
de sus voces más influyentes desde el inicio totalmente
confundidas por la propaganda de la dictadura mediática.
Hubo, hay que decirlo, una oposición consecuente: Los
países del ALBA, en especial Cuba, Venezuela y Nicaragua,
amplios sectores de los pueblos latinoamericanos que no pararon de
decirle al Oreo - negro por fuera, blanco por dentro - que trabaja en
la Casa Blanca que no era bienvenido en estas tierras, las izquierdas
radicales de Africa y los Estados Unidos, muchos anti-imperialistas
honestos en todo el mundo y mucha gente de bien, con ojos para ver y
oídos para oír que, como suele pasar cada vez que el
imperio lanza una de sus masacres, despertaron a la militancia
política al ver que se estaba cometiendo una injusticia horrenda
en nombre de altos principios como los derechos humanos y la
”responsabilidad de proteger” a la población civil.
Evidentemente, aún con la oposición más
consecuente, unida y organizada, difícilmente se hubiese logrado
parar esta guerra, tan enraizada en los intereses energéticos de
Occidente y, sobre todo, en su historia y su estrategia de
construcción imperial. Pero sí se habría logrado
retrasarla, dificultarla y luego, a su debido momento, agilizar su
derrota y con ella, la derrota del capital euro-atlántico. Sobre
todo, se habría logrado evitar el aislamiento internacional del
pueblo libio. En lugar de ello, estamos en una situación en la
que las fuerzas que se oponen a la guerra son más débiles
que nunca.
Cuatro opciones delusionales
La inmensa mayoría de las izquierdas europeas y estadounidenses
quedaron, desde el vamos, entrampadas en una de las siguientes cuatro
posiciones, según lo describe acertadamente la bloguera Dizdira
Zalakain (dizdira.blogspot.com):
1- Los izquierdistas que a gritos pedían una intervención
de la OTAN para salvar a los inexistentes “revolucionarios” libios que
verdaderamente son peones golpistas de los poderes de la OTAN ;
2- Los que (muchos, también a gritos) pedían una
intervención pero sin víctimas civiles – algo
evidentemente imposible;
3- Los que estaban de acuerdo con una intervención, pero de paso
pedían que, por favor, las multinacionales de los países
interventores se abstuviesen de saquear las riquezas de Libia (a eso
vulgarmente se le llama soñar con pajaritos preñados) y,
por último;
4- Los que estaban en contra de la intervención de la OTAN y los
EE.UU pero al mismo tiempo exigía que ”el régimen de
Gadaffi tiene que caer”.
¡Pobre del izquierdista que, en los círculos bien
pensantes, allá por el 10 de febrero, se le ocurriese decir algo
bueno de ese ogro de Gadaffi! Ni Fidel ni Chávez – y mucho menos
nuestro Comandante Daniel - se salvaron de las ”críticas” de
”compañeros”, que con una palmadita en la espalda (y ninguna
revolución propia en su currículum), repetían con
tono paternalista aquella máxima del sentido común con la
que siempre se queda bien en todas las tertulias de que ”el enemigo de
mi enemigo no siempre es mi amigo”.
En esos días, un llamado al diálogo y a las soluciones
políticas, es decir, a la propuesta que desde un inicio hizo el
ALBA, era ipso facto tomado como una ”ayuda a que Gadaffi masacrara a
la población civil”. Cómo, después de incontables
guerras coloniales en las que invariablemente se usa el mismo
patrón ”humanitario” como justificación, todavía
haya gente progresista que no haya caído en que el objetivo de
la demonización del adversario cumple el papel de impedir
cualquier solución política que desarme la injerencia, lo
dejamos, por el momento, en el terreno del misterio.
Ninguna de las cuatro posiciones mencionadas arriba, adoptadas por
buena parte de las izquierdas occidentales, logró ofrecer una
resistencia adecuada a la guerra. La primera no podía hacerlo
jamás, ya que estaba a favor de la guerra en nombre de la
”revolución” - en el fondo es una posición indistinguible
de la de la derecha : el que apoya una intervención de la OTAN
como algo en sí bueno y noble es un criminal derechista por
más que jure y rejure que es de izquierda.
La segunda posición, de apoyar una intervención
pero sin víctimas civiles, era de ilusos hasta antes del 21 de
marzo, y de gentes totalmente desinformadas o muy malintencionadas, a
partir del comienzo de los bombardeos.
La tercera posición, de que la intervención logre
derrocar al régimen de Libia y de que luego los rebeldes, la
divina providencia o quién sabe qué fenómeno
sobrenatural logre impedir que, una vez derrocado ”el ogro” las fuerzas
de la OTAN recojan sus bártulos y vayan de regreso a casa sin
saquear el país, falla en explicar cómo eso se
podría lograr. Otra vez, o estupidez o mala leche.
Por último, la cuarta posición, de estar en contra de la
guerra y al mismo tiempo exigir el derrocamiento del régimen que
se le opone (”No a la guerra – No a Gadaffi”), que parece tan
radicalmente distinta a las otras, tiene dos graves problemas : En
primer lugar, toma las excusas de la OTAN como ciertas (que Gadaffi es
un monstruo, que bombardeó a su propio pueblo, etcétera)
; en segundo lugar, y aunque fuese cierto que Gadaffi come niños
en el desayuno y bombardea a su propio pueblo los fines de semana, el
pedir su derrocamiento en el preciso momento en que esos argumentos son
utilizados como una mera excusa para invadir al país y someterlo
a un infierno peor que el de 10 Gadaffis juntos (basta con comparar
Afganistán antes y después de la invasión, Iraq
hoy e Iraq antes de las sanciones y la invasión,
etcétera), es una gran irresponsabilidad, por decir lo menos.
Por eso las palabras de Fidel el 21 de febrero: ”Se podrá estar
o no de acuerdo con el Gaddafi (...) Una persona honesta estará
siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo
del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar
silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el
pueblo libio”.
El práctico fondo teórico
Hay una raíz teórica en el grave error político
que cometen los amplios sectores de las izquierdas occidentales con
respecto a esta guerra – un error que hace que corran el riesgo de
convertirse en totalmente irrelevantes, justo en el momento en que sus
sociedades se enfrentan directamente a la bancarrota del sistema
imperialista. En este error terminan confluyendo algunos que se dicen
súper marxistas-leninistas con otros que reniegan del marxismo
revolucionario.
Su confluencia es en la de una visión etnocéntrica y
evolucionista del mundo. Unos, haciendo una lectura deformada de la
formulación de Lenin del ”imperialismo” como ”fase superior del
capitalismo” y otros, creyendo en la idea de un Occidente avanzado que,
a pesar de todos sus crímenes y sus horrores del ”pasado” (como
si ese pasado no se repitiese hoy en día en Haití, Iraq,
Afganistán y a lo largo y ancho del tercer mundo) todavía
tiene un papel progresista que cumplir en el mundo. Y el papel
soñado es el de salvar “civiles” de un ”tirano” como Gadaffi.
Los imperios, la conquista y el saqueo, no son un producto del
desarrollo del capitalismo; son, como lo explicaba Marx en el
capítulo XXIV de El Capital titulado ”La llamada
acumulación originaria”, su pecado original. Sin el genocidio de
70 millones de indígenas en América, sin la esclavitud,
sin los filibusteros y sin las cañoneras, jamás hubiese
habido capitalismo. El capitalismo que conocemos es producto de la
colonización occidental y cristiana del mundo. No conocemos
otro.
Y quien niegue que el imperialismo de Occidente, bajo la
conducción de los Estados Unidos de América, es el
más asesino y despiadado que ha existido en la historia de la
humanidad, debería responder a cargos de negación de
incontables holocaustos. Esperar que ese mismo imperio contribuya con
sus armas y su propaganda a parar otros supuestos genocidios, se
convierte en una sospechosa estupidez. Es en esa sospechosa estupidez
en la que muchas de las denominadas izquierdas del mundo rico en un
momento u otro de la guerra colonial-imperialista contra Libia
creyeron, algo sobre lo que deberían reflexionar.
Papel de la administración imperial
Desde hace ya demasiado tiempo, lo que conocemos como el Medio Oriente,
es un polvorín a punto de estallar: el paro, el alza de los
precios, en especial los costos de la alimentación, la
corrupción, la falta de libertades políticas, la
represión, el bajo nivel de vida y la alianza descarada entre la
agresiva entidad sionista y las potencias occidentales, son todos
factores que en mayor o menor grado afectan a todas las sociedades de
la región. Que el polvorín estallaría tarde o
temprano no podía pasar desapercibido a nadie - en especial a
los cuadros de la administración imperial.
Uno de esos cuadros, el actual ministro de relaciones exteriores de
Suecia, el conservador Carl Bildt, gran admirador de Henry Kissinger y
George Bush padre, miembro de los clubs de las élites globales
el Grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral, ex directivo de la
Corporación RAND y miembro del grupo encargado de vender en
Europa la invasión a Iraq en 2003, escribía desde El
Cairo una nota en su blog en abril de 2008:
"Desde el otoño pasado me he estado preocupando cada vez
más por los efectos sociales y políticos de la crisis de
los alimentos que en estos momentos desborda al mundo. En nuestro
país no significa lo mismo que aquí el que los precios de
los alimentos suban un 50% (...) Pero Egipto (...) es otra cosa, y
aquí los precios desde inicios del año han aumentado en
esa proporción (...) Hoy las fuerzas de seguridad aparentemente
han logrado impedir masivas protestas que se habían planeado en
El Cairo, pero pocos analistas subestiman los riesgos de la
situación. Lo mismo vemos pasar en país tras país.
El Banco Mundial habla de 33 países en los que la estabilidad
política está siendo amenazada de las protestas que
siguen tras las huellas de los choques de precios (...) De modo que se
trata de una crisis tan grave como el aumento del precio de la
energía y las bajas de los mercados financieros. Debe ser
discutida políticamente a nivel global de una manera totalmente
distinta a la que hasta ahora hemos visto".
Unos meses más tarde, a inicios de enero de 2009, Bildt estaba
de regreso en El Cairo junto con el canciller de la República
Checa, Karel Schwarzenberg, y el jefe de las relaciones exteriores de
la Unión Europea (y ex secretario general de la OTAN), el
español Javier Solanas. El trío se reuniría con el
presidente egipcio Hosni Mobarak, el mismo al que dos años
más tarde esos mismos políticos echarían a los
leones acusándolo de sangriento dictador. La operación de
contención de la amenaza revolucionaria y el diseño de
estrategias para convertir el estallido social y político en una
oportunidad de ”re-amueblar” la región con cambios que
mantuviesen la esencia del statu quo ya estaba en marcha.
Categórico fin de las ilusiones
Si desde el 17 de febrero los medios han constantemente tergiversado
los hechos dentro de Libia, otra afán del aparato
mediático de propaganda occidental ha sido de borrar el
contexto. Se ha ocultado el actuar de agentes de las élites
occidentales como Bildt, Solana, Schwarzenberg y muchas personajes
más. Se ha desparecido la evidente conexión entre el
colapso del sistema económico occidental y al asalto a la
riqueza financiera y los recursos naturales del pueblo libio. Se han
escondido los preparativos militares para atacar a Libia, llevado a
cabo por el Reino Unido y Francia desde noviembre del 2010 bajo el
nombre “Mistral del Sur”.
La agresión contra Libia es un punto de inflexión en
muchos sentidos. Confirma de la manera más categórica que
en la fase demencial de su declive, los poderes occidentales
retomarán con más vehemencia que nunca sus viejas
prácticas coloniales e imperialistas. Deja completamente clara,
sin lugar a la más mínima duda, la naturaleza nitidamente
propagandística de los medios de comunicación
occidentales y de muchos medios supuestamente confiables como Al
Jazeera. Deja claro también que en los momentos de verdad la
mayoría de los medios progresistas son inconsecuentes.
No permite un momento más esperar que será posible
reformar las Naciones Unidas a favor de las mayorías
empobrecidas del mundo. Demuestra que la única defensa contra
las naciones depredadores de la OTAN y sus aliados regionales es una
definitiva combinación solidaria de los países hermanos
en términos económicos, diplomáticos y militares.
El ALBA es la expresión más avanzado de ese tipo de
combinación. Desde la óptica pervertida de los poderes
occidentales eso hace de los países del ALBA, junto con
Irán, un blanco lógico a atacar próximamente.